"Querida señora:
Usted ni siquiera se acordará de mi nombre. ¡Se ha cargado a tantos!
Yo, en cambio, he pensado muchas veces en usted, en sus compañeros, en esa institución que llamáis escuela, en los chicos que rechazais.
Nos echaís al campo y a las fábriccas y nos olvidáis.
Hace unos años, en 1º de magisterio, me daba usted miedo.
Aunque la verdad es que la timidez me ha acompañado toda mi vida. De niño no levantaba los ojos del suelo. Me pegaba a las paredes para que no me vieran. Al principio creí que sería una enfermedad mía, o a caso de mi familia. Mi madre es de esas personas que se ponen nerviosas para rellenar un telegrama. Mi padre observa y escucha pero no habla. Después creí que la timidez era un mal de montañeses. Los campesinos de la llanura me parecían más seguros de sí mismos. ¡y no hablemos de los obreros!.
Ahora veo que los obreros dejan a los hijos de papá todos los puestos de responsabilidad en los partidos y todos los asientos del Parlamento. Así que son como nosotros.
Y la timimdez de los pobres es un ministerio muy viejo. Yo que estoy dentro de él no sabría explicarlo. Acaso no sea ni cobardia ni heroísmo. Sólo falta de orgullo para creerse superior.
(...) En la primera etapa de EGB el Estado me ofreció una escuela de segunda categoría. Una quinta parte de la escuela a la que tenía derecho. Es el sistema que emplean los americanos para crear las diferencias entre blancos y negros. Desde pequeños, escuela peor para los pobres.
Acabada la primera etapa, tenía derecho a otros 3 años de escuela. Más aún, la Constitución dice que tenía obligación de acudir a ella. Pero en Vicchio ( Se pronuncia Viquio) todavía no había segunda etapa. Ir a Borgo era toda una aventura. Quien lo había probado, habia gastado dinero en cantidad para acabar suspendiendo y echarlo a la calle como un perro. Además, la maestra habia dicho a mis padres que no malgastaran el dinero. "Mándelo al campo. No sirve para estudiar".
Mi padre no dijo nada. Para sus adentros pensaba: "si viviéramos en Barniana, serviría". En Barbiana todos los chicos iban a la escuela con el cura. Desde por la mañana temprano hasta por la noche, verano e invierno. "Ninguno era inutil para los estudios". Pero nosotros eramos de otro pueblo bastante alejado. Mi padre estaba a punto de rendirse. Luego se entero que iba hasta un chico de San Martino. Entonces se animó y fue a ver.
Cuando volvió, vi que me habia comprado una linterna para la noche, una fiambrera y unas botas de goma para la nieve. El primer día me acompaño él. Tardamos 2 horas, porque tuvimos que abrirnos camino con el machete y la hoz. Luego me las arreglaba en poco más de una hora.
Pasaba junto a 2 casas solitarias. Con los cristales rotos, abandonadas recientemente. A ratos echaba a correr por una víbora, o por un loco que vivía sólo en La Roca y me llamaba desde lejos. Tenia 11 años. Usted se hubiera muerto de miedo. ¿Se da cuenta?, cada cual tiene su miedo. Así que estamos empatados. Pero sólo si cada uno se queda en su casa o si a usted tuviéramos que examinarla nosotros. Pero a usted no le hace falta.
Barbiana no me pareció una escuela, cuando llegé. Ni tarima, ni pizarra, ni pupitres. Sólo grandes mesas en las que se aprendía y se comía. De cada libro no había más que un ejemplar. Los chicos se apretujaban sobre él. Era difícil darse cuenta de que uno de ellos era algo mayor y enseñaba. El más viejo de aquellos maestros tenía 16 años. El más pequeño 12 y me tenía admirado. Decidí desde el primer día que yo también tenía que enseñar. La vida también era dura alli arriba. Disciplina y broncas como para perder las ganas de volver.
Pero quien no tenía base o era lento o sin ganas, se sentía el preferido. Se le acogia como acogéis vosotros al primero de la escuela. Parecía que toda la clase fuera sólo para él. Mientras él no entendía, los demás no avanzaban.
No había recreo. No había vacación ni siquiera el domingo. A ninguno de nosotros le preocupaba mucho porque el trabajo es pero aún. Pero cada burgués que nos visitaba se ponía a discutir este punto. Un profesor muy importante dijo: usted, reverendo, no ha estudiado pedagogía. Polianki dice que el deporte es para el muchacho una necesidad fisio-psico...
Hablaba sin mirarnos. Quien enseña pedagogía en la Universidad no tiene necesidad de mirar a los chicos. Se los sabe de memoria, como nosotros nos sabemos las tablas. Por fin se marchó y Lucio, que tenía 36 vacas en el establo, dijo; <
Que los muchachos odian la escuela y les gusta el juego, lo decís vosotros. A nosotros, los campesinos, no nos lo habeís preguntado. Y somos mil novecientos millones. 6 de cada 10 chicos piensan exactamente como Lucio. Los otros 4 no sabemos. Toda vuestra cultura esta construida así. Como si el mundo fueraís vosotros.
Un año después yo ya era maestro. Es decir, lo era durante 3 medios días por semana. Enseñaba Geografía, Matemáticas y Francés a los de 6to. Para ojear un atlas o explicar los quebrados no hace falta carrera. Si me equivocaba en algo, la cosa no era grave. Era un alivio para los chicos. Buscábamos juntos. Las horas pasaban tranquilamente, sin miedos ni nervios. Usted no sabe hacer escuela como yo.
Además, enseñando aprendía muchas cosas. Por ejemplo, he aprendido que el problema de los demás es igual al mío. Salir de él todos juntos es la política. Salir sólo, la avaricia.
Y no es que yo estuviera vacunado contra la avaricia. Con los examenes encima tenía ganas de mandar al diablo a los pequeños y estudiar para mí. Era un chico como los vuestros, pero allá arriba no lo podía decir ni a los demás ni a mí mismo. Tenía que ser generoso aunque no lo fuera.
A vosotros os parecerá poco. Pero con vuestros chicos haceís menos. No les pedís nada. Solamente les invitáis a abrirse camino (...)
Cuando puesieron la 2da etapa de EGB en Vicchio, llegaron a Barbiana alguno chicos del pueblo, todos suspendidos, naturalmente. A primera vista para ellos no existía el problema de la timidez. Pero estaban deformados en otras cosas. Por ejemplo, consideraban el juego y las vacaciones, un derecho; la escuela, un sacrificio. Nunca habían oído decir que a la escuela se va a aprender y que ir a ella es un privilegio. Para ellos el maestro estaba al otro lado de la trinchera y convenía engañarle. Hasta trataban de copiar. Les hizo falta tiempo para comprender que no había notas.
Los mismos trucos sobre el sexo. Creían que habia que hablar de ello a escondidas. Si veían un gallo montando a una gallina se daban codazos como si hubieran visto un adulterio.
Sin embargo, al principio era la única materia que les llamaba la atención. Teníamos un libro de anatomía. Se encerraban en un rincon para mirarlo. Dos de sus paginas estaban completamente estropeadas. Mas tarde descubrieron que las demas paginas tampoco estaban mal. Luego se dieron cuenta de que también es bonita la historia. Alguno ya no se ha detenido. Ahora le interesa todo. Da clase a los pequeños, ha llegado a ser como nosotros. A otros, sin embargo, habéis logrado enfriarlos otra vez.
CONTINUARA.... EN

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